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El equipo de Siervas Fieles

Cuando Los Hijos se Van de Casa

Nadie nos prepara para este momento, los expertos lo llaman el Síndrome del Nido Vacío y sus síntomas a menudo no suelen ser reconocidos y en ocasiones no se le da importancia a los sentimientos y emociones de estas madres que están atravesando por estos momentos tan difíciles en sus vidas.

Probablemente habrás escuchado o leído artículos acerca de este tema, algunos de estos hasta con 5 o 10 pasos de cómo superar cuando un hijo se va de casa, pero hoy quiero compartirte lo que  yo he experimentado y al mismo tiempo he aprendido durante estos 2 años en los que ya no vivo con mis hijos mayores y a sólo 6 meses de que el menor de 13 años se fue de mi lado para vivir con su papá.

 
Si hay por ahí alguna mujer que se siente identificada con este artículo, quiero que sepa que comparto lo que sentiste o aún estás sintiendo en estos momentos, sé la soledad y tristeza que muchas veces experimentas, el dolor, enojo y frustración que muchas veces se lleva por dentro en silencio y que no te deja vivir tu vida normalmente y que quisieras detener, pero ni tú misma entiendes cómo puedes superarlo.


Claro que entiendo que la ley de la vida es que los hijos se vayan del hogar de los padres, y que ellos también deben hacer su propia vida. También sé que debemos aceptar que los hijos tarde o temprano serán capaces de caminar sólos, pero cuando en tu corazón como madre sabes que aún no es el tiempo para que tu hijo se vaya y que tampoco tiene la edad para eso, es aún más difícil de aceptarlo.


Muchas veces como resultado del Síndrome del Nido Vacío, fácilmente podemos caer en depresión, perdida de interés y desesperanza, además llegan sentimientos de soledad, insignificancia, melancolía, inseguridad y frustración y puedes hasta llegar a creer que ya no hay propósito para ti.


Las madres somos más vulnerables a estos síntomas ya que en ocasiones estos eventos coinciden con otras situaciones por las que estamos lidiando en la vida, pueden ser síntomas de pre-menopausia, la menopausia, jubilación, matrimonio inestable o madre soltera. Las madres que experimentan estos síntomas y pasan por estos eventos, a menudo tienen que enfrentar nuevos retos en sus vidas, tales como, establecer lo que será una nueva relación entre ella y sus hijos ahora que ellos ya no viven en el hogar; también el encontrar nuevas maneras de ocupar su tiempo libre, reconectarse nuevamente con ellas mismas y sin dejar de mencionar, la frustración de enfrentar a las personas que de alguna manera u otra no simpatizan con ella porque a su parecer este es tiempo para estar felices y disfrutando de esta nueva etapa.


Convertirme en madre fue una de las experiencias más maravillosas que Dios me permitió vivir como mujer, luché cada día por ser una buena mamá, de preocuparme de las necesidades de cada uno de ellos, de luchar por cumplirles sus sueños, proveerles de lo que necesitaban y deseaban, de su calzado, su vestido, su alimentación y su vivienda. Traté de enfocarme tanto en mi rol como mamá y de corregir errores para no olvidar ningún detalle, sólo que a lo largo de este tiempo he ido descubriendo que lamentablemente sí hubieron ciertos detalles muy importantes los cuales olvidé: como el cuidar de mi misma, de mi salud, de mis necesidades, de mis sueños, mis anhelos y hasta de mi vida espiritual, me di cuenta que me descuide a mi misma por completo. Mis hijos se convirtieron en mi mundo, en el control que regía mi vida y mi día a día, y ahora entiendo que cuando nos olvidamos de cuidar de nosotras mismas solemos salirnos del balance emocional, espiritual y también físico que debemos tener,  y cuando ya no hay presiones, ni afanes en nuestras vidas, es cuando salen a luz los malestares, achaques y consecuencias físicas por la falta de cuidado a nuestra salud y nuestra persona y por lo consiguiente así es mucho más difícil de cuidar y poder ayudar a otros.


Ahora, con amor y paciencia Dios me está enseñando a disfrutar de las bendiciones que El me regala día a día, a verme como El me ve y a aceptarme tal y como soy.   Entendí que quien debe ser el centro de nuestras vidas debe ser El, que quien debe ser ese control remoto que maneje nuestra vida es Jesucristo y a quien debo acudir cuando este cansada, triste o cuando necesite quien me consuele y me devuelva el gozo y me llene de paz, es al Espíritu Santo, eso es ser responsable, cuidar de nosotras mismas, de nuestra salud, nuestra vida espiritual y sobre todo de nuestra relación con Dios, entonces es así como proyectaremos ese amor, paz y gozo que necesitamos en nuestra vida y nuestro diario caminar con lo cual estaremos listas para poder también ayudar a otros.


Recordemos que los hijos están prestados, nosotros sólo estamos acá para ayudarlos a ser responsables, a guiarlos, a corregirlos y prepararlos para que cuando llegue ese momento en el que ellos tengan que irse de casa y sea su tiempo de caminar solos, puedan vivir sus vidas con buenas bases y fundamentos, sobre todo a centrarlas en su relación con su creador, Dios nuestro Señor, a llevar la palabra de Dios en sus corazones para que les vaya bien en la vida.


Los planes de Dios para nuestras vidas son de bien y no de mal y debemos creerlo sin dudar; Muchas veces por medio del dolor es como llegamos a descubrir situaciones en nuestra vida a las que no poníamos atención y a raíz del dolor es como buscamos ayuda y empezamos a cuidarnos más, así que también el dolor Dios lo transforma para bien.


Nosotras somos importantes para Dios y valemos mucho como sus hijas, así que también debemos atender nuestras necesidades, cuidarnos y amarnos a nosotras mismas y traer todo afán, cargas, frustraciones y hasta enojos al altar y dejarlo en manos de Dios para que sea El quien tome el control de toda situación en nuestras vidas.


No temas, Dios escucha a los suyos y cuida de sus hijos, El bendice a los que en El confían y prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. ¡No estás sola!


¡Dios te bendiga!!
Maria R Bolanos

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